QUIERE CASARSE “ENAMORADA”


Estimado don Jorge:

Gracias por la oportunidad de enviarle consultas a su página. Muchas personas no podemos pagar la consulta de un médico o sicólogo, y Ud. nos brinda una oportunidad de exponerle nuestros problemas y recibir una respuesta. Me da mucha confianza su palabra, ya que hace tiempo lo veo en televisión, con mi mamá y hermana, y siempre aprendemos cosas interesantes. Mi problema es que pololeo hace cuatro meses con un niño del vecindario; es muy trabajador, trabaja en un Banco. Resulta que queremos casarnos, pero mis padres no nos apoyan; dicen que mejor dejemos pasar un tiempo para conocernos más, pero estamos demasiado enamorados como para seguir esperando, si somos mayores de edad (yo 22 y él 25). ¿Qué opina usted de esto, qué me aconseja? Muchas gracias, y reciba el saludo cariñoso de mi mamá y mi hermana (Paula) también.

Constanza P.V., Santiago

Constanza:

Primero, gracias por tus palabras y correspondo los saludos cariñosos de las tres.

Pasando a lo tuyo: te entiendo perfectamente, porque yo también me he enamorado, como la mayoría, y mucho. ¿Verdad que estando enamorado uno cree que tiene el mundo en sus manos, a sus pies, y que puede conseguirlo todo? Claro, porque se trata de un estado mental, emocional alterado, es decir, altera nuestra capacidad de percibir ciertas cosas de manera objetiva, como por ejemplo, los defectos de la persona amada, las cosas que nos pueden molestar o que nos chocan. 

Enamorados, lo vemos todo ideal, perfecto. De ahí que se hable del “príncipe” o la “princesa” amada. Dicho estado -enamoramiento- ha sido ampliamente estudiado por las ciencias de la conducta, especialmente la psicología y las neurociencias, por lo que se sabe que dura máximo dos años. Después, como que la “magia” desaparece, y quedamos frente a la realidad tal como es, objetiva, concreta. Ahí empezamos a “descubrir” las cosas que nos desagradan, nos molestan de la persona que amamos. Es como que se nos abren los ojos. De ahí el chiste: “El matrimonio es milagroso; uno se casa ciego… ¡y después recupera la vista!”. Por eso, mi modesto consejo es que esperen, alimenten ese amor (tratando de evitar relaciones sexuales, eso sí), y a lo menos dejen pasar un año. 

Es un plazo no ideal, pero bastante prudente como para que se conozcan bien, pongan a prueba la capacidad de guardarse fidelidad, respeto y delicadeza. También, cultiven una buena relación con las respectivas familias, especialmente con los padres de ambos. Muy importante, aunque muchos pasan este detalle por alto. Que sean muy felices, cuiden ese amor y escríbeme cuando quieras o lo necesites.

Jorge Castro de la Barra

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